miércoles, 17 de junio de 2009

Ente Achús y Achíses

Llega el invierno y con él infaliblemente las gripes y los resfríos. ¡Que dolor de cabeza es para nosotras las madres! Lamentablemente casi nunca nos salvamos de la gripes, a pesar de que siempre prevemos esta época del año, atiborrándoles de vitamina C desde marzo y poniéndole las dichosas vacunas antigripales.


Este año, a pesar de haber seguido la tradición familiar de abrigarles a mis hijas como esquimales, tampoco me salvé de las gripes. Empezó Paulina que como ya va al cole es siempre la primera en agarrarse las gripes. Para cuando se curó ya se habían contagiado Fernanda y Julieta. Cuando finalmente se curaron ellas ya había recaído Paulina y nos sumamos a la lista la niñera y yo. Lo que pasó después ya se podrán imaginar: una interminable sucesión de achús y achíses. Por lo visto justo nos tocó la cepa de la gripe que no estaba en la lista de las 2000 cepas que cubría la vacuna.


Todo esto significó para mí varias noches en vela, tener que sacar fuerza de no se donde para levantarme en el medio de la noche, engripada y adolorida a repartir todas las dosis de medicamentos para cada una de las nenas y por supuesto someterles a innumerables sesiones de nebulización a pesar de sus pataletas. ¡Es que ODIAN la nebulización! Todas empiezan a llorar en coro ni bien me ven acercarme con la mascarilla. Pero con la que me siento una verdadera torturadora es con la pobrecita de Julieta, que a pesar de no tener ni un año todavía ya sabe hacer acto de rebeldía. Se retuerce como un gusanito, agitando la cabecita mientras intenta huir de mis garras. Y cuando finalmente logro ponerle la mascarilla, mi gordita escurridiza no me la hace más fácil. Ahí empieza a gritar como si la estuviera destripando, y yo tengo que sostener estoicamente la mascarilla y aguantarme sus dramáticos sollozos de víctima resignada.


Cuando yo era chica, no existían estos nebulizadores chiquitos. Eran unos aparatejos intimidantes unidos a unos tanques que parecían tanques de oxigeno para buzos gigantes. Debo admitir, que para la imaginación de un niño tenían cierto encanto espacial. No quedaba otra que ir a la farmacia varias veces al día para nebulizarse. Por supuesto que, igual que mis hijas, cada vez que veía la mascarilla, yo también armaba un escándalo digno de una tragedia griega, que solamente palidecía frente al que armaba cuando veía una jeringa.


Mi mamá, abuela metida como ella sola, por supuesto que ni bien se enteró de que las nenas estaban engripadas me “sugirió” que le ponga mentholatum antes de dormir. Ella está convencida que el mentholatum cura todo y que el secreto está en, según sus propias palabras: “friccionarles bien el pechito Y la espalda.” La verdad que el único ritual gripal que mis hijas ADORAN es que se les friccione el pechito…. Se relajan como si estuvieran en un SPA!! Igual, como buena contrera siempre le contesto a mamá: “En tu época puede ser que se curaba todo friccionándoles el pechito, pero los tiempos cambiaron.” Ahora las mamás tenemos que preocuparnos por la contaminación, alergias, virus mutantes y resistentes a los antibióticos, y por supuesto las plagas anuales, que este año nos tuvieron a mal traer.


¡Que psicosis gripal hubo! Y nosotras las madres, que parece que cobramos un sueldo por preocuparnos, ni bien escuchábamos estornudar a nuestros hijos y ya corríamos al doctor llorando y rezándole hasta al Dalai Lama para que no sea ni dengue ni fiebre porcina.


El año pasado fue el Dengue. Anduvimos meses apestando a Citronella y repelente. Este año se le sumó la gripe porcina y corrimos a agotar todos los geles desinfectantes de la farmacia y hasta nos pusimos mascarillas al más puro estilo Michael Jackson. Parece que cada año hay una nueva plaga y OTRO motivo más para preocuparnos…. ¡Cómo si nos faltaran!


Plagueos al margen, no dejo de agradecer a Dios por la salud de mis hijas. Por suerte la enfermedad de mis gorditas no fue más que una vulgar gripe. Tediosa sí, pero totalmente inofensiva. Igual no es nada lindo ver a nuestros hijos pasar un mal rato, quejándose por tener la nariz tapada, o porque la toz no les dejaba dormir o porque tienen que tomar el jarabe “guácala”.
Cada invierno me convierto en un ser malvado que las atosiga con inyecciones, jarabes, gotas en la nariz y nebulizaciones. Lo hacemos con dolor, porque no nos gusta ver sufrir a nuestros hijos, y también con cariño, porque lo único que queremos es que se sientan mejor.

miércoles, 20 de mayo de 2009

PADRES FABULOSOS


En mi columna siempre hablo de las madres y de todas las cosas que nos toca vivir. Pero por ser éste el mes del padre, he decidido dedicarle esta columna a todos los maravillosos padres que nos acompañan en la difícil tarea de educar y criar a nuestros hijos.

Yo tuve la bendición de tener un padre fabuloso. De esos que solo hay 1 en 1 millón (evidentemente esta aseveración es muy subjetiva, me imagino que todas las mujeres vemos a nuestros padres de esta manera). Él estaba muy presente en nuestra vida. Nos leía cuentos, nos llevaba al parque, nos contaba sus historias, nunca nos retaba ni nos pegaba y abrazarlo era lo máximo. En sus brazos me sentía totalmente protegida y feliz. Ahora ya no está conmigo pero lo recuerdo todos los días con el mismo amor y sigo sintiendo su presencia en mi corazón.

También mis hijas son afortunadas. Porque Eduardo es un padre excelente. Las hace reír, les enseña a descubrir el mundo y les enseña a no tener miedo y a animarse a probar cosas distintas. Por supuesto que yo también tuve muchísima suerte de que Eduardo no haya sido uno de esos padres que se niegan a cambiar pañales y a ayudar en la crianza de los niños. Porque verdaderamente hay muchos padres, que pueden ser Ingenieros Astrofísicos, pero a la hora de enfrentarse a cambiar un pañal hediondo, ponen cara de confundidos y afirman orondos que ellos “no entienden” a los pañales. Hay muchos padres frescos llenos de pretextos y protestas a la hora de compartir nuestras responsabilidades.

¡Por suerte Eduardo no resultó ser uno de esos Ingenieros poco ingeniosos sino todo lo contrario! Nunca voy a olvidar una vez que yo estaba re mal engripada en cama y las nenas tenían que ir a un cumple. Como yo no me sentía bien, él solito se las arregló para vestirlas y peinarlas. Pobrecitas, ¡estaban disfrazadas! Nada combinaba con nada, les puso vestido con champion y como no tenía idea como poner una gomita y mucho menos hacerles trenzas les puso una cantidad de hebillas en la cabeza. Pero igual yo me sentí tan agradecida ya que al menos hizo el esfuerzo. Eduardo se sentía tan orgulloso que no me dio el corazón para cambiarles a las nenas y así fueron, dos payasitas felices a divertirse al cumple de sus primitos.

Pero definitivamente quienes más ayuda reciben de Eduardo son nuestras tres hijas. El hecho de dedicarles tiempo y de estar siempre ahí para darles una mano les hace sentir seguras y felices. Paulina por ejemplo está convencida que su papá es un genio. La otra vez se le rompió uno de sus juguetes. Era un elefante a pila que caminaba y levantaba la trompa. Quedó hecho añicos, pero no me permitió tirarlo ya que estaba absolutamente segura que su papi iba a poder arreglarlo, y me replicó: “mi papi va a arreglar mi elefante porque mi papi es ingeniero.” Si, Eduardo es ingeniero…. pero agrónomo. De todas maneras ella está convencida que es la máxima autoridad en todo pues su padre nunca la defrauda. Por más de que le tome tiempo y le cueste mucho trabajo va a estar allí para poner todo su ingenio a la práctica y ayudarla a solucionar sus problemitas y convertirse en una personita feliz y segura. Al elefante lo arregló contra todo pronóstico y Paulina quedó encantada. Pero sobretodo, quedó feliz de que su papá estuvo allí para ayudarla.

Estoy segura que los padres saben que todo el tiempo que dedican a sus hijos contribuye a formarlos y a hacerlos sentir siempre protegidos. Por más que pase el tiempo, y surjan problemas más complicados que un elefante roto, problemas que ellos no puedan solucionar; sus brazos fuertes siempre estarán allí para sostenernos.

POR TUS VENAS CORRE MÁS QUE MI SANGRE… CORRE MI AMOR

Hace exactamente un año, le dedicaba mi columna del día de la madre a mi querida amiga María y a todas las “madres en potencia”, aquellas que tienen tanto amor en el corazón pero que no logran tener hijos. En ese momento, María estaba ya en pleno proceso de adopción. A través de ella, viví ese lento y angustiante proceso, en el cual el siempre elusivo sueño de ser madre parecía una meta distante y difícil de alcanzar.

Este año le vuelvo a dedicar mi columna, pero en otro carácter: ya como madre del corazón. Finalmente llegó una bendición a su hogar: un bebé hermoso y sanito que la ha convertido en la mujer más feliz del universo.

El milagro de ser madre te puede tocar cuando, tras 9 meses de espera, se produce el nacimiento tan anhelado; o tras varios años de espera, en el momento en que tomas en brazos por primera vez al bebito que adoptaste. En ambos casos, cuando lo miramos por primera vez, ese bebito tan chico e indefenso inmediatamente se apodera de nuestro corazón y nos transforma. Esa mirada y ese gesto tan natural de alzarlo en brazos basta para convertirte en madre.

Cuando le entregaron su bebé a María, sus brazos le temblaban de la emoción y no podía parar de llorar, exactamente como cualquier parturienta al recibir a su hijo. Y el sentimiento, ese amor que uno siente profundo en el corazón, es exactamente igual en las madres biológicas como en las madres adoptivas.

Nosotras, sus amigas, no lo podíamos creer. Estaba tan radiante como toda primeriza. ¡Tenía una sonrisa que le salía del alma! En un solo día su vida había cambiado totalmente. Ella no tuvo los 9 meses de preparación, en los que uno se va haciendo a la idea de que un bebé está por llegar y revolucionar nuestra existencia. No tuvo babyshowers previos para surtirle de todo lo que necesitaba. Pero se notaba que estaba preparada para este bebé, lo estaba esperando hace mucho más que 9 meses.

Por supuesto le hicimos un “post-baby shower” donde le conocimos al nuevo sobrinito. Una maravilla de bebé. Tan chiquitito y tierno, y tan cómodo en sus brazos. No les puedo explicar la emoción que sentí al verla así, de un día para otro, convertida en madre. Sabiendo lo mucho que ella había anhelado tener un hijo, los difíciles caminos que recorrió y los momentos dolorosos que pasó, ver este desenlace tan feliz y mágico fue verdaderamente una experiencia muy conmovedora.

Este 15 de mayo, mi amiga María se une por primera vez al club de las madres que celebramos el acto de amor que hacemos cada día. La felicito a ella y a todas las madres de corazón, que han hecho ese acto de entrega tan generoso y perfecto que es adoptar a un niño. Cómo admiro a las madres que abren su corazón de esa forma a un niño que no lleva su sangre, y lo hacen suyo entregándole todo su amor. Como decía la madre adoptiva de un amigo mío: “el no es mi hijo, es mucho más que mi hijo porque por sus venas no corre mi sangre, corre mi amor.”

viernes, 17 de abril de 2009

PEQUEÑAS TRAGEDIAS EMPLUMADAS….

Me imagino que a todos les habrá tocado recibir alguna vez un pollito de regalo. Yo todavía recuerdo a mi pollito Federico (que era el nombre de un galán de una telenovela de la época, allá por 1982). Me lo habían dado en el preescolar como sorpresita del cumpleaños de mi compañerito Marco. Fue tan importante para mí, que les puedo asegurar que es la única sorpresita que recuerdo hasta la fecha. ¡Como le quería a Federico! Como no teníamos perro, para mí se convirtió inmediatamente en una especie de cachorro emplumado. Me seguía por toda la casa y nos encantaba jugar a las persecuciones (al menos yo creía que nos encantaba a los dos, pero ahora estoy segura que me habrá encantado solo a mí). Yo le corría por todas partes…. Hasta que un buen día la persecución tuvo un dramático desenlace. El pobre Federico, cansado de la persecución, se refugió bajo el escalón de una escalera y cuando yo bajé corriendo eufórica tras mi pollito, terminó aplastado bajo mis sandalias. El prójimo terminó hecho un puré de pollo y yo entré en shock.

Este evento significó el primer contacto que tuve con la muerte. Por suerte, se trataba solo de la muerte de un pollito, pero era MI pollito y lo adoraba. Aún recuerdo el dolor que sentí ese día, en el que me convertí en la asesina culposa de mi propia mascota. Le hicimos un funeral en el patio y mi mamá intentó como pudo explicarme lo que era la muerte mientras yo no paraba de llorar. Con el tiempo me recuperé y esta historia pasó a integrar una de mis más memorables anécdotas de infancia.

Cuando Fernanda cumplió 3 años, se me ocurrió la brillante idea de regalar pollitos como sorpresitas. Los niños estaban felices y emocionadísimos, pero muchas mamás de la guarde me querían estrangular. Una de mis amigas me dijo: “¡Te voy a matar Vicky! ¡Tengo 2 perros!” A la semana me comentó que sus hijos ya habían tenido su “tragedia emplumada”… el pollito se convirtió en el almuerzo de sus perros.

Fernanda también tuvo su propia tragedia… pero por suerte jamás se enteró. Su pollito “Yellow”, sobrevivió una semana entera, a pesar de que nuestro caniche lo tenía marcado. En varias ocasiones tuve que salir corriendo al rescate, para sacárselo de la boca. La verdad es que Yellow, parecía McGyver; sobrevivía a todo. Pero a la semana, sin que yo me dé cuenta, Fernanda, en un acto de “cariño maternal” hacia su pollito, lo acostó al lado suyo en la cama.

Yo no me di cuenta hasta que fui a su cuarto antes de irme a dormir para ver si no estaba destapada. Al acomodarle las sábanas, Fernanda se dio vuelta y sácate…. Allí estaba Yellow totalmente apachurrado. Por suerte Fernanda estaba profundamente dormida. Esto me dio la oportunidad de deshacerme del cadáver sin que se dé cuenta. A la mañana siguiente empezaron sus preguntas y sus llantos. “¿Dónde está mi pollito mami?”

Yo le expliqué que su mami había venido a buscarle ya que estaba muy preocupada porque nuestro perro le quería comer. Le dije que iba a estar más seguro con su mami pues nosotras no podíamos estar siempre allí para protegerle. Con toda la inocencia del mundo, Fernanda me creyó ciegamente (como solo los niños pueden creer). Y hasta ahora está convencida que el pollito está en lo de su mami. Pobrecita Fer…. Todavía ni se dio por enterada de que estaba siguiendo la tradición familiar…

lunes, 9 de febrero de 2009

Había una vez…


De chica mis padres me leían siempre antes de dormir. Por suerte, su repertorio iba mucho más allá de los cuentos de hadas. Hasta ahora recuerdo a mi padre leyéndome “La Ilíada y la Odisea” (en versión infantil obviamente) y los 10 libros de mitología griega para niños que contenían los cuentos más fantásticos que pude haber escuchado. Gracias a estas importantes lecturas no solo dejaba boquiabiertas a las profes de la primaria con mis historias de Ulises o de Ícaro, sino que adquirí un inmenso amor por la literatura que se mantiene intacto hasta hoy en día. Ellos plantaron en mí una semillita que hoy me lleva a escribir esta columna y seguir devorando libros como un gusanito de biblioteca. Consciente de la importancia que tuvo la lectura en mi infancia, sigo con la tradición familiar, leyendo siempre un cuento a mis hijas antes de dormir.

Antes de que tuvieran noción de lo que era un libro (o ni siquiera una banana para serles honesta), les empecé a mostrar libros ilustrados, apuntando a los objetos y diciéndoles: “mirá el tutú, o mirá el guau guau” imitando lo sonidos que cada uno hacía. Con el tiempo mis lecturas se han vuelto un poco más elaboradas. En este momento estoy devorando “Las Crónicas de Narnia” junto a Paulina y Fernanda, libro que resulta tan entretenido para ellas como para mí.

Julieta, que acaba de cumplir 7 meses, todavía no entiende las historias, pero ya está muy familiarizada con los libros. Los lleva a la boca, los abre, los observa…. Y para el horror de sus hermanas, los deshoja sin piedad.

Creo que el cuento no tiene que ser grandilocuente, ni tan rebuscadas como eran las lecturas de mis padres. Todas las lecturas ayudan a crear el hábito. Porque la lectura, es ante todo un hábito SA-NÍ-SI-MO! Hay que elegir de acuerdo a las edades; y por supuesto, de acuerdo a los intereses.

Paulina por ejemplo ama los dinosaurios y desde chiquita me esmeré en leerle libros sobre ellos. Ahora, que tiene 7 y medio me corrige con los nombres (se sabe nombres que a mí me cuesta hasta pronunciar!). Fernanda es más romántica. A ella le encantan los libros de princesas y de hadas. Entonces cada noche pasamos del tenebroso mundo jurásico, al rosado mundo de las princesas. Quien sabe con que me saldrá Julieta cuando empiece a seleccionar sus lecturas favoritas. Tal vez tenga que incorporar cuentos espaciales o lo que se le ocurra a su pequeña cabecita.

Me enorgullece decir que en Paulina y Fernanda ya estoy empezando a cosechar mis primeras siembras. Ambas son muy despiertas y les va re bien en el cole. Con las lecturas creo que pude estimular su interés en aprender, en conocer cada día más y en dar rienda suelta a su fantasía.

Pero al leerles, creo también algo mágico. La hora del cuento es un momento de paz absoluta; que en mi alborotado hábitat es un milagro! Las siento tan cerca de mí, tan pendientes de mis palabras, tan listas para soñar, que no les puedo explicar la satisfacción que siento. Las miro y hasta puedo ver como sus cabecitas se van llenando de imágenes fabulosas y como su imaginación va floreciendo en una flor única y preciosa. Como dice esa conocida y hartamente parodiada publicidad:

- 1 libro infantil 50 mil Gs. (o menos)
- Hacer soñar a tus hijas….NO TIENE PRECIO!

Los niños frente a la tele

Lo que más me gusta del verano es no verles a mis hijas frente a la tele. Que maravilla es verlas en la pileta todo el día, corriendo por el patio y jugando al aire libre. Cuando nosotros éramos chicos no teníamos la posibilidad de ver tele todo el día. Yo al menos tenía prohibidísimo ver novelas y solo podía ver los dibujitos de la mañana y los de la tarde y por supuesto el infaltable Chavo del 8. Pero el resto del día no había nada para nosotros en la tele, y esto nos obligaba a jugar, a correr, a divertirnos en el patio.

Ahora con las señales de cable que transmiten dibujitos las 24 horas es prácticamente imposible limitar la cantidad de tiempo que pasan frente a la tele. Por supuesto que también somos cómodas, ya que no hay nada más práctico para despachar a los hijos que sentarlos a ver tele. Se quedan quietitos (idiotizados), se acaban los ruidos, el griterío y el desorden. Reina la paz y nosotras nos podemos pegar esa siestita reparadora taaan necesaria.

Yo intento controlar lo que miran mis hijas. Les prohíbo ver dibujitos violentos (hay tantos!) y las telenovelas de cualquier tipo. Les aliento a ver documentales y programas educativos. Pero no siempre logro mi cometido. Por ejemplo, no pude luchar contra la fiebre de Patito Feo, que para mí es más novela que programa para niños. Paulina que ya va al cole por supuesto que está obsesionada con ver el programa que ven todas sus compañeritas. Por más de que no lo ve en casa, se sabe todas las canciones. Estoy segura que lo ve en la casa de sus amiguitas y por supuesto que también se las habrá ingeniado más de una vez para verlo a escondidas. ¡Las niñas de hoy no son nada tontas!

Pero por más de que controlo lo que miran, no puedo controlar los comerciales. Esto siqué me altera! En primer lugar están las propagandas incesantes que los enseñan a consumir desde chiquitos. Es increíble como al terminar cada pausa comercial empiezan a decir: “mami quiero este juguete que sale en la tele” Fernanda que es chiquita hasta se sabe los jingles y los canta todo el día! Me da tanta rabia ya que se que detrás de eso hay mentes brillantes que lo tienen todo fríamente calculado y que se han puesto como propósito invadir las mentes de nuestros hijos y volverlos en mini consumistas.

En segundo lugar están las publicidades XXX en los canales de aire que pasan a cualquier hora sin importar que sea horario de protección al menor. Me molestan especialmente las de hotline, que si bien no están en los canales infantiles, pasan en todos los otros canales sin importar el horario.

Otra cosa que me altera (aunque capaz que sea un poco exagerada con esto) es el machismo reinante en las publicidades. ¿Ustedes nunca se pusieron a pensar, porqué en el medio de tanta publicidad de juguetes hay tantas publicidades de detergentes, desodorantes y shampoos para mujeres? Nunca una publicidad de una crema de afeitar, o de desodorantes para hombres.

Pero lo que me parece especialmente indignante (y no se porqué no hay más protestas con respecto a esto) es el contenido de los noticieros. Que necesidad hay de filmar a los accidentados, a las personas mutiladas y especialmente a los cadáveres. En más de una ocasión se me ha quedado el desayuno a media garganta viendo el noticiero. Yo no quiero ver cadáveres y accidentados mientras desayuno y menos aún quiero que lo vean mis hijos. Pero esto parece que los canales de TV no lo tienen en cuenta. ¿No les parece que el supuesto “horario de protección al menor” también deberían limitar las imágenes violentas y desagradables que se emiten en horas en las que los niños suelen estar frente a la TV?

Ojalá esta revista caiga en manos de alguien que pueda hacer algo al respecto. Alguien que verdaderamente se preocupe por los niños y tenga la autoridad y el buen tino como para al menos librar nuestras mañanas de esas escenas espantosas y sensacionalistas que ya nos hemos acostumbrado a ver.

Las nenas contra los nenes

Verdaderamente los tiempos están cambiando y me alegro. En mi época las nenas jugábamos a las muñecas y a la cocina y los nenes al futbol y a las batallas espaciales (espero no delatar mi edad con esto; pero por esos años ardía “La Guerra de las Galaxias”). El color favorito de las nenas era por excelencia el rosado, mientras que los nenes respondían unánimemente: “azul”. A la hora de armar equipos lo primero que se escuchaba era alguna vocecita femenina o masculina que gritaba a todo pulmón: “¡las nenas contra los nenes!” seguido por una sucesión de gritos eufóricos sin rastro de disenso.

Ahora las cosas son como deberían haber sido siempre. Para empezar hablemos del futbol. En nuestra época era deporte exclusivo de los “nenes”. Eventualmente solo lo jugaba la más marimacha del grupo, aquella amiguita que tenía 7 hermanos y jugaba con sus cuates futbol en la placita del barrio. Ahora todas las nenas lo juegan en el cole, forman equipos y participan en torneos. Incluso hay ya chicas (las más grandes de la camada de niñas introducidas al futbol, que ya lo hacen profesionalmente).

Las nuevas generaciones de nenas y nenes son también más abiertos en lo que respecta a sus elecciones lúdicas. Las niñitas modernas juegan a los autitos y a las batallas intergalácticas con espadas laser con total tranquilidad. En nuestra época estos actos hubieran llevado a nuestras madres a emitir un comentario resignado en voz baja: “mi hija es tan machona”, como si tuviera que excusar su conducta “anormal” ante el resto del mundo. Por su parte, los niños juegan con la misma tranquilidad a la cocina y les dicen a sus mamis que cuando sean grandes quieren ser chef.

Mi hija Fernanda odia el rosado con la misma intensidad con que yo lo amaba a su edad y Paulina se ha opuesto desde chiquita a usar faldas porque le dificultan mucho a la hora de jugar “sin que se le vea la bombacha”, cosa que considero totalmente válida. Por más de que muero de ganas de vestirla como una muñequita respeto su decisión.

Estos pequeños actos de rebeldía significan un rompimiento gigante con los estereotipos de género que siempre han plagado a nuestros más pequeños. Son pequeñas luces de esperanza para las generaciones futuras. Significan que nosotras, las madres, también hemos cambiado, pues damos más libertad a la expresión de nuestros hijos, respetamos su individualidad y sus decisiones y no les forzamos a seguir ningún camino prefijado.

Muero de ganas de ver el resultado de esta nueva generación de niños. Tengo la esperanza de que mis hijas se conviertan en mujeres fuertes, seguras e independientes, que sus amiguitos de ahora sean en el futuro compañeros más tolerantes y respetuosos, que las comprendan y las acompañen y que no les hagan de menos por ser mujer. Espero que estos nenes que aceptan jugar con las nenas de igual a igual, y estas nenas que se sienten iguales a los nenes, algún día formen una sociedad más igualitaria, en la que todos puedan alcanzar sus sueños sin restricciones absurdas.