Con el inicio a clase todos nos
alegramos por el año escolar que empieza. ¡Los niños están ansiosos por volver
a ver a sus compañeritos y nosotras felices de sacárnoslos de encima! Suena
cruel, ya sé, pero estoy segura que a la par que yo, muchas de ustedes no saben
qué hacer con sus pequeños diablillos durante las vacaciones.
En las vacaciones se producen
varios fenómenos. La combinación de pileta y juegos que deja a los niños
aceleradísimos, no es compatible con el calor infernal que nos deja a nosotras
en low bat. Por otro lado, en las
vacaciones nuestros hijos tienen una cantidad sideral de tiempo libre, en
comparación con el casi nulo tiempo libre que nos queda a nosotras tras
ocuparnos de la casa, nuestro trabajo y los niños. Debido a todos estos fenómenos, las mamis
muchas veces vemos sacrificadas nuestras bien merecidas vacaciones por tener
que ocuparnos de que nuestros pequeños diablillos disfruten al máximo de las
suyas.
En resumidas cuentas, las vacaciones
suelen dejarnos más alteradas que repuestas; por lo que no podemos más que
celebrar el primer día de clase. Lastimosamente, la alegría del inicio de
clases nos dura muy poco. Ésta desaparece en el mismo instante en que aparece
la infame lista de útiles. La misma de tan larga ya parece el Código Procesal
Civil. ¡Ndiii es más larga que rezo de pobre!
En cima de interminable, es
tediosamente detallada. Cada año la van haciendo más complicada, de manera a
que cumplirla al pie de la letra se convierte en una aventura similar a esos juegos
de cacerías de tesoro.
-
Regla de 15 cm (no 10, ni 20, ni 50. ¡QUINCE!)
-
Dos Lápices HB y un lápiz 2B. (¡Guay de que
traigas un lápiz HB y dos lápices 2B!)
- Lápices de colores de TAL marca (me he topado
varias veces con pedidos taaan detallados que dan miedo)
- Cuaderno cuadriculado de 50 hojas para
matemáticas, forrado en AMARILLO, cuaderno de dos rayas de 100 hojas para vida
social, forrado en VERDE, cuaderno de dos rayas de 20 hojas para avisos forrado
en ROJO, cuaderno de dos rayas de 100 hojas para ciencias naturales forrado en
NARANJADO. TODOS ROTULADOS. (Luego se pasa a las instrucciones de forrados de
los libros de texto con más colores que el arcoíris.)
Además de pedirnos una cantidad
absurda de cuadernos (muy pocos de los cuales será usado por completo al
terminar el año) nos piden más carpetas que las que necesita un estudiante de
arquitectura de quinto curso y hasta hojas sueltas extra como si los cuantiosos
cuadernos fueran a resultar insuficientes.
Cada año, mientras completo la
lista con impotencia, impresionada por tanto gasto innecesario de papel, me
pregunto: ¿Cómo china les van a hablar después a nuestros hijos sobre la
desforestación y el daño al medio ambiente, si para completar los útiles del
grado nomás se habrá talado mínimo una hectárea de monte?
Y luego empieza la cacería de
libros: ir de librería a librería hasta dar con el dichoso ejemplar que estaba
agotado en las tres librerías a las que fuimos antes. Recuerdo que cuando era
chica, una tía mía se pasó todo un día buscando la “Historia del Py”. Mi
primita había abreviado Paraguay ¡y la genia de mi tía creía que se trataba de
un libro de cuentos en guaraní sobre la historia de un pie! Sus hijos, que ya
son grandes, hasta ahora le farrean por su literalidad. Pero con la locura del inicio de clases a quién
no le ha pasado cometer errores. A mí me ha tocado llegar a la librería sólo
para darme cuenta de que no había traído la lista de útiles, o darme cuenta que
entre todas las miles de listas dejé olvidada en casa la de útiles para artes
plásticas.
Pero sin lugar a dudas, lo peor es
cuando nuestros hijos se hacen los exquisitos. Cuando finalmente encontramos la
mochila más barata, antes de que podamos empezar a celebrar nuestro hallazgo ya
empieza el berrinche. Resulta que no era la que ELLOS querían. Por supuesto,
aquella que ellos prefieren cuesta el doble por el sólo hecho de llevar impreso
a tal o cual dibujito animado. Y así se da con todo, del merendero, pasando por
la cartuchera y hasta con los cuadernos. A medida de que nuestros hijos crecen,
tanto sus listas de útiles como sus
caprichos se vuelven más y más rebuscados. ¡Lo único que no aumenta es nuestra
paciencia! ¡A la hora de la verdad, entre la lista interminable y el
presupuesto limitado, no sé quien sale con cara más larga de las librerías, si mis
hijas o yo!
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