viernes, 27 de junio de 2008

Se busca Nombre


Estoy preocupadísima. Se acerca cada vez más el día del parto y todavía no encuentro un nombre para la nueva beba. Tengo tanto miedo de no decidirme a tiempo y tenerla varios meses N.N. en su cunita del sanatorio. No quiero que sea anónima ni por un solo segundo de su existencia. Quiero ponerle un nombre ahora, para que se vaya acostumbrando desde la pancita.

Tengo una amiga que decide el nombre de sus hijos al nacer de acuerdo a la carita del bebé. Pero jamás le vi la cara de fulano o mengano a nadie. Me causa risa imaginármela en el momento en el que decide si su hijo tiene más cara de Carlos que de Roberto.

La mayoría de las mujeres somos re “Susanitas”, y desde chicas ya pensamos en nombres para nuestros futuros hijos. El problema es que una tiene nombres previstos para uno o dos hijos, como máximo, y para el tercero como que se agota el repertorio. Lo peor es cuando tenés un nombre de cabecera. Un nombre que adorás y que te pasás diciendo que será el nombre de tu hija, y luego, zácate, le conocés a una homónima odiosa que te mata el nombre. Yo, por ejemplo, toda la vida soñé con llamar Irene a mi hija, hasta que Irene resultó ser el nombre de la ex de mi marido. Por supuesto que el nombre que tanto amaba fue acribillado en el acto. Pero lo más feo le pasó a mi prima, que juraba que llamaría Lola a su primogénita, hasta que Lola resultó ser el nombre del perro salchicha de su suegra.

Otro factor que hay que tener en cuenta a la hora de elegir un nombre es que no es una nada más la que elige. El padre, los hermanitos, la familia, los amigos, los amigos de los amigos… y hasta el despensero de la esquina se meten!. Todos se sienten con el derecho de participar de la elección, tirar sugerencias o manifestar su consenso o disenso. Claro que cuando estamos en nuestra etapa de ilusas Susanitas, seleccionando nombres de telenovela para nuestra futura prole, no se nos pasa por la cabeza el hecho de que nuestra tan pensada selección tiene que pasar por un inclemente juicio de aprobación o rechazo.

Así empiezan las peleas. Los tire y aflojes y las interminables horas de negociación entre los esposos para elegir el nombre. Ponele la firma que ellos siempre van a tantear el nombre de su mamá para alguna de tus hijas, y ni que fuesen reyes ingleses incorporarán un nuevo Carlos o Ricardo a la ya larga lista. Así, el hijo que planeaste llamar Pier Paolo terminará llamándose Carlos V, porque TODOS los hombres de la familia de tu “peor es nada” se llaman Carlos (cosa que condena a cada uno de los Carlos a convivir con un apodo para diferenciarlo de los demás Carlos).

Cada vez que pienso en nombres enchufados, recuerdo a mi querida amiga Carolina, que sigue sin poder entender cómo cometió la necedad de dejar que su marido elija el nombre de su primogénito. Y ella, que anhelaba un nombre único, creativo y fantástico, terminó con un simple José. Jura y rejura que cuando le toque a ella se vengará buscando el nombre más estrafalario…. Que todavía no define si será Zaratustra, Berengario o Siddhartha.

Al menos, su marido se las dio de sencillo nomás. Peor hubiera sido si se hacía el estrafalario y terminaba llamando a su hijo Libre Pensamiento o Nabucodonosor. Hay cada nombre! No sé en qué pensaban los padres… es como sentenciar a sus hijos a pasar por un eterno purgatorio de burlas y farreadas. Imagínense nomás que en México recientemente unos padre decidieron llamar a su hijo Yahoo, para celebrar el hecho de que se conocieron en el Chat. Y si se conocían en un bar, ¿cómo lo hubieran llamado? ¿Baccardi?

Ven que no es fácil elegir un nombre; es todo un tema! A pesar de que aún no tengo ninguno previsto (ya que se me agotó el stock), ya estoy anticipando muchas peleas! Me esperan muchas horas de tire y afloje hasta llegar, primero, a una resolución sobre cuál será el criterio de selección, y luego, horas y horas de negociación hasta dar con un nombre que nos guste a ambos. Solo espero que sea cual sea el nombre que elijamos, le guste a la más afectada, la bebita, que por ahora duerme anónima en mi panza.
ilustración JOANA WASZAJ

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